Qué difícil que es ser el Papa

Juan Arbeláez*
Luego de la visita del Papa a nuestro país, luego de leer los comentarios de tantas personas, de ver una pequeña parte de sus actuaciones en las diferentes ciudades en las que estuvo, comparto con quien le interese esta corta reflexión.

No me había detenido a pensar lo difícil que es llegar a ser un Papa. Mientras unos sueñan con ser presidentes, estrellas de rock, Premio Nobel o CEO de una multinacional, no sé quién sueñe con ser Papa, pues de todos los cargos anteriores, aunque son muy difíciles de alcanzar, hay centenas de personas ejerciéndolos en todo el mundo; la lista de personalidades en diferentes campos, puede llegar a ser interminable. En cambio Papa, sólo hay uno en planeta y es una carrera que puede tomar al menos 40, 50 y hasta 60 años para llegar ese honor.
Pero… ¿Han pensado que en la mayoría de logros profesionales se persigue un éxito económico?, ¿Un reconocimiento social, intelectual o espiritual al menos? EL Papa en cambio, debe renunciar a lo poco que tiene, a su familia, a su país, a sus fieles, pero sobre todo… a su tranquilidad.
Y es que aquí comienzan sus problemas: el 20% de la población mundial lo quiere ver muerto (religiones extremistas, no voy a entrar en detalles), el 15% de otras religiones cristianas lo ignoran y hasta lo desprecian, el 14% de ateos y agnósticos, no sólo quisieran que desapareciera, sino que además lo hiciera de una forma vergonzosa y humillante, para poder justificar la falacia de la religión.
Finalmente debe soportar la infinita presión de quienes creen en él y lo siguen: Los enfermos que quieren que los cure, que tocando su cabeza o con una simple bendición sea suficiente para levantarse de sus sillas de ruedas o que el cáncer desaparezca y hasta los más mediocres y descarados que piden ganarse el Baloto o conseguir el trabajo que por su ineficiencia no han logrado alcanzar.
También están los confundidos y escépticos que esperan en sus palabras encontrar el significado de la vida, la razón de existir. Y aquí me detengo porque esto fue lo que me motivó a escribir estas líneas. Varios amigos comentaban en redes que estaban decepcionados con las palabras del Papa, que eran mensajes muy elementales de convivencia, que no había nada profundo en su mensaje y entonces me empecé a preguntar… ¿No son acaso las cosas más simples las que definen la vida?, ¿No son esas reglas básicas pilar en todas las religiones, las que todos incumplimos y por lo cual el mundo está cómo está?
No matar, no robar, no mentir, amar al prójimo y al planeta en el que vivimos…
Siento que el secreto, la llave a la felicidad, el fin de toda búsqueda, yace en las cosas sencillas, en lo básico, en esos preceptos que todos olvidamos por internarnos en lo complejo, en la maraña de ideas que tejen nuestras mentes y que nos ha llevado tan lejos.
A veces siento que el destino es una trampa elíptica que nos aleja de lo que realmente anhelamos, para después de muchos años traernos de regreso al inicio. Y es que ese gran secreto que todos buscamos a través de diferentes libros, imágenes y profetas, se resume en una palabra: Amor… la más básica y compleja de todas las palabras.
Entonces si todo se resume en amar, ¿Por qué nos cuesta tanto hacerlo?, ¿Por qué en vez de aceptar que son nuestra diferencias lo que nos une, usamos estas para para distanciarnos?... para discriminarnos.
La vida está llena de paradojas, esto nos lo demuestra todo el tiempo, una de estas últimas que me llama la atención, fue descubrir a muchos de mis conocidos en redes sociales, quienes abogaron a ultranza por la paz en nuestro país. Ellos, templarios de la tolerancia, de libertad de género, de ideología, acérrimos defensores de la igualdad, despotricaron hasta la saciedad, instigando al gobierno para que no se gastara esa cifra “absurda” en la visita del Papa. Una actitud bastante egoísta y poco tolerante que dista de los principios que promulgan.
Por otro lado, curioso ver a muchos creyentes que votaron por el “No” (plebiscito por la paz), vestidos de blanco y gritando "paz" a los cuatro vientos. Creo que no hay buenos ni malos en esta historia, sencillamente olvidamos que el amor no se debe dejar politizar, el amor no tiene bandos ni banderas. Cuando olvidamos los dos principios básicos, la tolerancia y el perdón, nos sumergimos en un cieno que nos contamina y nos separa del camino.
Me emociona ver cómo el Papa, un señor de 80 años que lleva cuatro días trabajando sin descanso, se parte la cara por saludar a un niño, y con la sangre en su rostro sigue abrazando y bendiciendo a los menos favorecidos; mientras a un futbolista de 20 le tocan un pelo y se revuelca en la grama. Y creo que aquí está la gran enseñanza de ser humildes: No necesito ir al barrio más pobre a abrazar a todos los necesitados, la humildad y el amor parten desde nuestro interior, querernos a nosotros mismos, porque así podremos amar a los demás, el amor viene de adentro y se irradia en todas direcciones.
El amor no se predica con palabras, sino con hechos, deja que tus acciones hablen por ti, el amor no es excluyente ni egoísta, el amor no espera recompensa, aunque te aseguro que si das amor, recibirás bendiciones, no importa si sigues una doctrina dogmática o si estas huérfano de fe, porque la fe es eso… amor.
No sé cuánto tiempo dure este halo de paz y esperanza que nos deja la visita del Papa, posiblemente en poco tiempo estaremos otra vez agarrados del pelo entre todos los bandos. Sólo sé que valió la pena, como siempre valdrán la pena unas vacaciones, así sepamos que volveremos a la rutina del trabajo y con los bolsillos vacíos.
¡Bienvenidos, no importa la deidad que representen, todos los agentes de paz, cambio, transformación social y espiritual a nuestra golpeada nación!
*Comunicador Social - Periodista de profesión, Gestor Cultural y director artístico de formación. Amante de la cultura, la imagen y la escritura.

NOTA: Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no reflejan, identifican o relacionan a SIN EDITAR frente a los temas expuestos.