Libre Ramón Isaza, jefe 'para' que azotó el norte del Tolima

BOGOTÁ. Un juez especializado de Medellín le concedió este viernes la libertad a Ramón Isaza Arango, alias 'El Viejo', comandande de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio. El sujeto cumplió la pena alternativa de ocho años dentro del acuerdo con el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, para desmovilizar a las AUC.

Isaza Arango tiene en su prontuario cargos por delitos como homicidio agravado, desplazamiento forzado, tortura, cobros injustificados y contribuciones arbitrarias, terrorismo, y reclutamiento ilícito entre otros, cometidos entre 1977 y el 2006.

El ex comandante paramilitar, nacido en Antioquia, se radicó desde 1978 en el Magdalena Medio para combatir a la guerrilla, que en ese entonces exigía 'vacunas' o pagos extorsivos a los campesinos y les hurtaban el ganado de las fincas.

'El Viejo': El terror del Magdalena Medio

El accionar delictivo de Isaza Arango se extendió por los departamentos de Boyacá, Caldas, Antioquia y el norte del Tolima. Se estima que sus víctimas fueron cerca de mil en estas regiones. 

Según registro de Verdad Abierta, cuando iniciaba la década de los 90 y estaba en auge el narcotráfico, 'El Viejo' le declaró la guerra al jefe del Cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria y sus hombres, que buscaban acordar con los paramilitares una expansión de cultivos ilícitos y el control de estos en Puerto Triunfo y Puerto Boyacá.

Se cree que Isaza se alió con Gonzalo Rodríguez Gacha, alias 'El Mexicano', y por desobedecer las órdenes de Escobar Gaviria, le asesinaron a tres sobrinos y a su hijo, John. Seis de sus ocho hijos se convirtieron también en comandantes de las Autodefensas.

Para la época en que Carlos Castaño quiso unir a todos los grupos paramilitares, Isaza aceptó integrarse, pero tiempo después siguió solo, porque dijo que había sido un error debido a que ahí estaban todos los narcotraficantes del País.

A pesar de los delitos que le han achacado, Isaza aseguró que nunca había masacrado a nadie. En el 2004 se unió a las mesas de negociación de Ralito, Córdoba, y a principios del 2006 entregó las armas y se desmovilizó junto a 990 hombres.